Sportingbet ocupa siete plantas de un edificio londinense. Una planta es para los traders, que vigilan y fijan lo que se paga por apuesta. Cada trader, como en la Bolsa, se especializa en un mercado (deporte); pero el trabajo de Ritzema es la apuesta durante el partido. Mientras aguarda el Arsenal-Madrid se está tragando la liga turca.
Según la consultora Christiansen Capital Advisors, el juego en red movió el año pasado en el mundo 12.000 millones de euros (loterías, 15,2%; póquer, 20,3%; apuestas deportivas, 35,8%, y casino, 25,1%). Este año superará los 15.000 millones.
En una pantalla, a Ritzema le corren futbolistas turcos; en otra, futbolistas alemanes, y en las otras dos esprintan líneas de apuestas. Cada segundo entran 54 en el grupo Sportingbet. Aunque la mayoría son líneas de color gris, alguna es diferente. "La apuesta con letra amarilla significa un fallo técnico; el color azul, que es una apuesta arbitraria, a los tres resultados; la verde, una apuesta extraña, por su alto valor o el tipo de envite; el color rojo es el que vigilo más, la de los listos, los que se toman la apuesta como un trabajo".
Ahí entra la labor de los traders bajando una cotización, subiendo otras para rebajar el riesgo que toma la empresa. "Aceptamos todas las apuestas, pero si es un cliente que gana mucho, le rebajamos el límite".
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